Pensamientos diferentes, ideas originales

Se ha repetido hasta el cansancio la necesidad de nuevas y originales ideas que ayudarán a destacar y hacer único al producto que se quiere promocionar. Pero la creatividad no aporta sólo al campo del marketing y la publicidad, la creatividad debe estar impresa en todo actuar , para fortalecer y mejorar cualquier paso que se dé.

Una persona creativa no es un gurú, no es un milagro de la naturaleza, no es tan diferente a la mayoría de nosotros, los simples mortales. Para desarrollar cualquier trabajo, con un mínimo de conocimientos de la profesión, se requiere la conciencia de nuestras habilidades y la posterior formación para el desarrollo y mejora de las mismas. Para ello se requieren grandes cantidades de pasión. Y esa es la clave fundamental, el secreto que define y diferencia a los creativos. Pasión por el trabajo, pensamiento original. Nuestro tiempo es un tiempo de cambios. Vivimos turbulencias y las consecuencias de turbulencias pasadas y nuestra única alternativa es la adaptación a esta nueva realidad. No es del todo malo el que nada vuelva a ser lo mismo, de aquí pueden obtenerse muchos recursos para nuevas ideas creativas. Pensando diferente y creativamente, cambia la percepción de las cosas, la manera de interpretar estas formas y, lógicamente, al final cambia el modo de resolver las cosas. Y esto puede ser algo positivo para todos, para ti, para tu empresa y tu entorno.

Publicidad y creatividad

Durante muchísimos años, es más, desde los inicios de la publicidad, ésta siempre estuvo vinculada a la creatividad, aplicándola para la comunicación de manera original del mensaje que se buscaba distribuir. Mediante la creatividad, se resolvía un mensaje persuasivo, que expresara las características intrínsecas del producto, sus atributos objetivos, la ventaja comparativa, variables mensurables y otros patrones, todos envueltos en parámetros racionales. Más tarde, con el correr de los años y épocas, se cambió el foco comunicacional y se pasó hacia el punto de vista de los sentimientos, las pasiones, las variables subjetivas que, si bien no son cuantificables, siguen siendo bastante reales para el ser humano.

El producto deja de ser la “estrella” y se pasa a contar historias de juegos, de vida, de amor, entremezclados sutilmente con el producto. El protagonista es el consumidor que vive, juega, sufre, piensa, ama igual que el resto del mundo y ahí el producto acompaña el devenir de las situaciones de vida cotidiana.

El jabón en polvo ya no vende más porque tenga una enzima más o una menos ni el jabón no es más por tener un miligramo más o menos de crema… Quien no logre despertar una emoción, una epifanía, un sentimiento, tiene su producto condenado a pasar desapercibido. Aun así, mientras nos volcamos a una imagen más real y emocional del producto, se requiere del pensamiento original para llegar al potencial cliente. Como dice David Meerman Scott, autor de The New Rules of Marketing and PR (Las nuevas reglas del marketing y las relaciones públicas): “No tienes que hablar de los productos en sí, simplemente tienes que divertirte con ellos”

Cuatro claves para tener una habilidad creativa:

Saber lo que más nos motiva. El autoconocimiento, el descubrimiento de lo que más nos interesa, lo que nos gusta, en lo que podemos destacar, el motor de nuestro cuerpo y nuestra mente.

La pasión. Poner grandes dosis de esta condición en las cosas que hacemos, poner en ello nuestros 5 sentidos, añadiendo el cuerpo y el alma. Combustible para la acción.

Disciplina y conocimiento. El trabajo en equipo, la auto exigencia, la comunicación. Y formación, la puesta en activo de forma pertinente del proceso de aprendizaje.

Arriesgarse. Asumir riesgos, pensar que los fracasos nos ayudan en el aprendizaje, sin riesgo no hay progreso.

Así que ser creativo es un proceso mental que aplicamos a nuestro día a día. Dicen que el que no es creativo, puede ser debido a varias razones, entre ellas:

• porque no sabe

• porque nunca lo ha aprendido

• porque nadie le ha enseñado

• porque no lo ha practicado.

Esto no debería sorprendernos. Cualquiera puede ser creativo. De hecho, debería serlo. Uno mismo necesita ser creativo y su empresa lo necesita tanto o más.

 

Año 2 – Num. 9

 

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