Por qué a las empresas nos importa el medio ambiente

Más allá de ser una moda, la discusión de la sostenibilidad y la sustentabilidad es una exigencia que aparece a partir de los nuevos retos y pautas globales de competitividad. Esta materia se impone con paso firme en el entorno y en la economía mundial, especialmente por considerar la creciente demande y la escasez de recursos naturales, necesarios para la satisfacción de necesidades.

Cualquier negocio que busque su sostenibilidad en el tiempo reconoce que ha de preocuparse por atender eficazmente a sus clientes, ofreciendo productos y servicios atractivos, que respondan a la demanda y a los intereses de los consumidores. Nadie niega tampoco que los colaboradores de una empresa son fundamentales, para mantener en marcha los procesos, lograr mejores resultados y posicionarse como una empresa exitosa.

La innovación, por supuesto, ocupa un lugar importantísimo. Toda empresa busca mantenerse a la vanguardia, reconociendo nuevos nichos de mercado y ocupando los primeros puestos a la hora de desarrollar nuevas opciones que se ajusten a las nuevas plataformas digitales y se enmarquen en un escenario donde predomina lo tecnológico.

Es, entonces, la innovación, otro pilar fundamental que ocupa y preocupa en el día a día empresarial. Dentro de estas preocupaciones cotidianas, ¿dónde entra la atención al medioambiente?

Las empresas deben interesarse

¿Por qué deberían preocuparse las empresas por el cuidado del mismo? ¿No es ir muy lejos, no debería dejarse a las ONG o a grupos filantrópicos que se ocupen de estos temas? Aquí radica el error; no se habla del cuidado del ambiente por el ambiente mismo, sino de su conservación como un tema fundamental que debería interesar a las empresas. ¿Por qué? Porque los clientes, los colaboradores, la innovación y la sociedad misma depende de este ambiente para poder existir. Y ya se acordó que estos son pilares fundamentales que deben atender las empresas.

Entonces, hay que concordar en que la preocupación por la conservación es un tema fundamental para las empresas, porque es fundamental para la misma la conservación del entorno en el que se desenvuelve y del cual dependen las personas para su supervivencia. Y, en un círculo virtuoso, las empresas dependerán también de estas personas para su supervivencia. No en balde existe una frase, al tocar términos de Responsabilidad Social Empresarial, que afirma que no pueden existir empresas exitosas en sociedades fracasadas.

Por ahí va la cosa, por cuidar la sustentabilidad de los negocios, para que los negocios también puedan ser rentables y sostenibles en el corto, mediano y largo plazo.

Pero… ¡y la rentabilidad!

Un tema filoso que suena y resuena cuando se empiezan a discutir asuntos que conciernen a la inversión en procesos o acciones que permitan a las empresas ser responsables con el medioambiente. Después de todo, lo que preocupa a un Directorio o a los accionistas siempre será la rentabilidad.

¡Y eso es bueno! Una empresa que no es rentable, no puede perdurar, está condenada al fracaso. Por tanto, nunca podría negarse esta verdad: la empresa busca resultados económicos, que la hagan rentable.

Sin embargo, esa rentabilidad no existirá en el largo plazo si las empresas no asumen un compromiso en la conservación medioambiental. No es un tema de moda, no es Marketing Social. Es una genuina preocupación por preservar el entorno, la sociedad y el mismo negocio, pues ya se ha dicho que éste depende en gran medida del lugar donde está inserto. Esto resulta bastante obvio pues, de acabarse el agua, de contaminarse el aire y extinguirse la raza humana, ¿a quién venderíamos?

Por ello es que la preocupación del cuidado medioambiental nunca es un gasto, nunca es una acción aislada; es una inversión que sí retribuye directamente al capital intangible que hace valiosa a una empresa e indirectamente a su rentabilidad y perdurabilidad.

¿Cuándo se puede decir que uno es responsable con el ambiente?

El ser humano requiere de un medioambiente habitable, una economía equitativa y procesos viables que administren responsablemente el manejo de los recursos. Según la normativa ISO 26000 y la definición de la Comisión Europea, se pueden sentar las siguientes bases para conceptualizar la Responsabilidad Social:

1. Se trata de una responsabilidad de las organizaciones por sus impactos: los impactos negativos (sociales y ambientales) de sus actividades deben (idealmente) progresivamente desaparecer. Esto constituye la promesa exigida.

2. Esta responsabilidad exige, pues, un modo de gestión cuya finalidad es la sostenibilidad de la sociedad, suprimiendo los impactos negativos insostenibles y promoviendo modos de desarrollo sostenibles (o sustentables).

3. La responsabilidad social no está más allá y fuera de las leyes sino que se articula con las obligaciones legales. Las leyes deben definir cuáles son los impactos negativos prohibidos y motivar a la responsabilización social de todos. Desde luego, la responsabilidad social no empieza “más allá de las leyes”, como se suele escuchar, sino dentro de las leyes y para que las leyes se cumplan y vayan mejorando.

4. La responsabilidad social pide una coordinación entre las partes interesadas capaces de actuar sobre los impactos negativos diagnosticados, en situación de corresponsabilidad, a fin de buscar las soluciones mutuamente beneficiosas (construir valor para todos los actores sociales, soluciones “gana-gana”, y no sólo valor para algunos a costa de los demás).

 

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