Los 58 años del líder musical del país

Juan Matías Ojeda, gerente comercial de la firma, y su padre, Genaro Ojeda, celebran las casi 6 décadas de trayectoria de un negocio que ha sabido adaptarse a los tiempos y dejar una impronta de calidad y amor a la música que se ha extendido ya por tres generaciones.

¿Cómo nace Music Hall? ¿Cómo sobrevivió a todos los cambios?

Juan Matías Ojeda: Realmente fueron tiempos muy difíciles. Para retroceder un poco en la historia, Music Hall se dedicaba a la venta de discos. En los años 60 empezó la venta de instrumentos musicales y de equipos de audio pero siempre fue algo secundario; la mayor parte del share se llevaba la venta de discos. Durante décadas fue un negocio inmenso en el mundo.

Al aparecer la piratería, mi papá se sienta y me dice que teníamos que potenciar otra cosa. Pensamos en varios negocios, otros rubros, pero todo nos llevaba de vuelta a Music Hall. Entonces dijimos: “esto es algo que podemos hacer, en el Paraguay hay muchos músicos y hay mucha gente dispuesta a hacer inversiones. Potenciemos esto. Viajemos a Japón, a Estados Unidos, a Europa, etc. para poder cerrar tratos con las mejores marcas del mundo y ser proveedor número 1 de Sudámerica”. No hay proveedor en Sudamérica que maneje tantas marcas como Music Hall.

¿Cómo ustedes definen el secreto del éxito en una industria que está en constante cambio?

Juan Matías Ojeda: Trabajar y tenemos un lema muy importante: siempre ir derecho. El camino al éxito no es ir en negro, es siempre derecho. Así como en su momento pelamos contra la piratería, hoy en día el enemigo es el contrabando.

Ustedes ahora se dedican fuertemente a lo que son los instrumentos. ¿Cómo es el trabajo de selección de marcas, de instrumentos? ¿Cómo conocen el mercado?

Juan Matías Ojeda: Después de muchos años en el mercado uno va aprendiendo y hoy en día manejamos con la palma de la mano lo que la gente pide. Es cierto que las cosas van cambiando y en estos tiempos, de un mes a otro, pueden cambiar mucho las cosas, pero tenemos un equipo, somos 90 personas en la empresa y dedicamos 100% de nuestro tiempo a estar atentos a lo que pide el mercado e intentar tener eso a un precio justo y en unos salones de primera como los que tenemos. Un buen salón, un buen servicio, un buen trato.

58 años es mucho pero hay que pensar a futuro, ¿cómo se lo imaginan ustedes?

Juan Matías Ojeda: Si me preguntas qué me imagino, me imagino tantas cosas. Lo ideal sería siempre mantenernos como líderes en el mercado. Ojala que un día haya una cuarta generación. Yo soy tercera generación.  Ojalá haya una cuarta, una quinta, sexta. Si me preguntas cuál es el objetivo, es ese.

¿Qué sienten por estos 58 años cumplidos?

Genaro Ojeda: Parecen mucho pero son pocos realmente. Yo me siento como cuando cumplimos 28 o 18 años; pienso que todavía nos queda mucho por delante, que estamos bien consolidados pero que nos falta todavía mucho por delante. Music Hall es un pendejo de 58 años.

La generación de ahora se volvió muy impaciente, quiere que los resultados ya con ganancias al mes de empezar un proyecto. ¿Qué consejo pueden dar ustedes?

Genaro Ojeda: Que no sean como yo, pero he aprendido que hay que tener un poco de paciencia y tratar de hacer bien las cosas. Es muy difícil hacer bien de entrada todo; lo más importante es aprender de lo que se hizo bien y de lo que se hizo mal, para repetir lo bueno y no repetir lo malo.

¿Cuál considera que es su máximo logro?

Genaro Ojeda: Convertir a Music Hall en lo que es hoy. De haber sido una casa de discos a ser hoy una empresa respetable, grande, con muchas marcas que confían en nosotros total y absolutamente. Yo creo que es eso, la confianza y también tengo la suerte de que la tercera generación está continuando el negocio.

¿Si pudiera volver 20 años qué errores no hubiera cometido?

Genero Ojeda: Yo creo que en estos años he avivado muchos giles. No volveré a avivar giles. Durante muchos años pensé en hacer otros negocios y no me concentré 100% en Music Hall­­ y surgieron muchos que ganaron mucha plata precisamente porque les cedimos el espacio. Y es algo que tengo, en lo cual me tengo que arrepentir: avivar giles.

 

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