¿Cuánto cuesta la violencia de género?

La prevención y la atención de esta problemática no deben resultar ajenas a ninguna persona u organización; el impacto de la violencia no llega solo a la esfera familiar o comunitaria, sino que se refleja en el escenario económico empresarial y nacional.

Números grandes

Un par de años atrás, un estudio desarrollado por el programa ComVoMujer de la Cooperación Alemana al Desarrollo (GIZ) y la Universidad San Martín de Porres (UNSM) señaló que más de 71.000 mujeres son despedidas de sus trabajos al año como resultado de la violencia de su pareja.

Investigaciones más recientes en Paraguay demostraron que la productividad laboral perdida por ausentismo y presentismo causados por la violencia contra las mujeres, asciende a 35,7 días de trabajos por año por agredida y 34,8 días de trabajo por agresor. Esto equivale a un total de 72.337 colaboradores trabajando a tiempo completo por año, sin ninguna productividad. Estos costos tienen un valor monetario de USD 734.871.583 por año, equivalente al 2,39 del PIB de Paraguay. (GIZ, 2015).

Costos directos e indirectos

Calcular cuánto cuesta a una empresa la violencia de género es aún más difícil. Cuando la violencia contra la mujer afecta al ámbito laboral produce disminución de la productividad laboral (a través del ausentismo o presentismo), reducción del ingreso en agredidas, agresores y testigos, pérdidas por rotación o despido de personal, entre otros.

Esta realidad ha motivado el involucramiento de las empresas – y también la alianza realizada entre Empresarias CAP y GIZ –, pues los resultados apuntan claramente que sí es un asunto empresarial; no solo por el impacto tenido en este escenario, sino porque tanto la prevención del problema como la atención del mismo se pueden y deben encarar desde donde es factible realizar un cambio.

Pero algo más que números…

Cada vez son más las empresas que se comprometen con sus impactos sociales y ambientales. Rescatando las acciones de RSE del propio ADN de la empresa, optan por enfocar sus esfuerzos y buenas prácticas en mejorar el relacionamiento y el actuar con sus distintos grupos de interés. Es así que son atendidos diversos ejes, entre los cuales también se encuentra el público interno.

Si bien vivimos en un mundo cada vez más automatizado y, muchas veces, criticamos que la realidad es bastante impersonal… una empresa “es” sus personas. Un negocio no puede subsistir sin resguardar a las personas que lo sacan adelante.

Si los colaboradores observan que la empresa se preocupa por ellos, que significan algo para ella, se sienten acompañados, protegidos, apoyados. El resultado es fidelidad hacia la empresa, resultados que implican no solo mejor y mayor productividad, sino calidad y valor agregado. Sostenibilidad en el tiempo, buena reputación, un lugar en el corazón de sus empleados y el entorno de estos.

En la página web de la Cooperación Alemana de Desarrollo (GIZ) se pueden leer alarmantes informaciones que respaldan que la violencia de género sigue siendo un fenómeno generalizado: entre el 30 y 50 % de las mujeres está expuesta a violencia física por parte de sus parejas, en países como Bolivia, Perú, Ecuador y Paraguay. Al respecto se han realizado distintas alianzas y proyectos de cooperación para, mediante el proyecto ComVoMujer, apoyar a diversos actores del sector estatal, no estatal y privado en la implementación de enfoques preventivos.

 

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