Nro. 58

SE DEBE ACABAR CON LA PERVERSIÓN TRIBUTARIA

Desde la CAP, exigimos que se acabe la perversión del Presupuesto General de la Nación, que prioriza gastos rígidos y permite abusos y obscenidades en sobresueldos y otras desviaciones del dinero aportado.

La Constitución Nacional no nos obliga como ciudadanos a pagar impuestos para que estos se mal gasten o se perviertan. La calidad de un gobierno se refleja en la calidad de sus gastos, por lo que el de turno debe tener muy en cuenta este tema prioritario, que hasta la fecha está fuera de curso.

Si bien con algunas acciones destacables el actual gobierno está logrando resultados interesantes, todavía casi mínimos ante el mismo esquema conceptual que se ha aplicado tradicionalmente al presupuesto desde hace años.

Como ciudadanos, integrantes del Estado Paraguayo, estamos obligados a pagar impuestos, aportes que salen de nuestros esfuerzos, trabajos e inversiones. Pero no lo hacemos solamente para cumplir con la Constitución y las leyes tributarias vigentes, para que el Estado pueda sostenerse y financiarse, sino también para obtener contraprestaciones de servicios en salud, educación, seguridad, infraestructura, justicia, y para tener rendiciones de cuentas de parte de funcionarios públicos contratados electoral y administrativamente para administrar y cuidar celosamente el dinero aportado.

Por esto, administrar mal el dinero de los contribuyentes es una gravísima falta que atenta contra el mismo concepto de Estado y contra la Constitución; ese dinero que se convierte en capital del Estado debe ser gastado con criterio estratégico, con honestidad y, por sobre todo, con efectividad. Un gobierno que gasta bien es un buen gobierno, pero uno que malgasta o permite que se gaste mal, además de ser un mal gobierno, está incumpliendo con su razón de ser constitucional.

Muy conveniente sería que el gobierno de turno nivele la cancha, cobrando impuestos de forma igualitaria y proporcional, y no como hasta ahora: algunos pagamos, otros menos y muchos nada. Además, cada ciudadano, particular o corporativo, a partir de que paga y asume lo que le corresponde, debe controlar la contraprestación de servicios y la rendición de cuentas.

 

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