Valores y actitudes: rasgos del capital humano

A la hora de definir el perfil del colaborador que la empresa busca, la actitud tiene igual o mayor peso que la aptitud. Esta realidad, cada vez más subrayada, obliga a las empresas y a los colaboradores a realizar una suerte de introspección permanente para -del mismo modo que se afinan las capacidades y habilidades técnicas – desarrollar las cualidades que forjan el desempeño actitudinal.

La “habilidad” de un colaborador, si bien es clave, no puede ser el único aspecto a observar cuando se examina su potencial dentro de la empresa. Es por este motivo que cada vez llama más a la atención de las empresas la necesidad de encontrar con personas adecuadas no tanto técnicamente sino actitudinalmente hablando; hallar la suma de capacidades que las hacen idóneas para el cargo.

Si una persona que sabe decir “puedo” es la misma que dirá “no quiero”, ¿qué aporta a la empresa? No hay que perder esto de vista, y no hay que sobrevalorar la aptitud por encima de la actitud. Es mucho más fácil, rápido e incluso rentable enseñar una habilidad técnica que actitudinal, aunque incluso esta segunda sea nada más que una pequeña semilla que aún deba ser tratada y trabajada.

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