La tarea ética de la publicidad

Es probable que de buenas a primeras muy pocas personas atiendan a la estrecha vinculación entre la publicidad y sociedad, más allá de puntualizar incidencias negativas, señalar la difusión de ideales inalcanzables, entre otros aspectos que, en realidad, no describen por entero la magnitud total de este rubro dentro de la esfera social.

Mucho se acusa a la publicidad de ciertos males modernos, y poco se habla de la penetración de esta en otros temas que atañen, por sus secuelas positivas, a una colectividad.  Es así como ciertas acciones que trascienden, apelando a ejercicios a favor del bien social, una comunidad, enalteciendo principios, etc.

Por un lado, no es mentira que la transmisión de valores es una interpretación subjetiva y pueden existir versiones contrapuestas, que la publicidad no impone valores sino refleja los presentes en la vida social, la cotidianeidad, etc. – sobre esto, Lluís Bassat llegó a afirmar que “La publicidad siempre se inspira en los valores de la sociedad. Lo que pasa es que los suele reflejar con tanta eficacia que a veces parece que sea la publicidad, y no la sociedad, quien los impone” –. Pero, tampoco deja de ser cierto, que existe un gran número de profesionales del sector publicitario que apelan e instan a la consecución de valores y actitudes a ser fomentados y afianzados. No obstante, el compromiso social que debe destacarse es – más allá de la generación de proyectos que venden valores positivos y concretos, al mismo tiempo que cuentan con excelente calidad intelectual, estética y humana – aquel que se refleja en la actitud de quienes se dedican a la profesión.

Como una expresión de comunicación social, una función, sea directa o indirecta, de la publicidad es la generación de opiniones, la influencia de distintas partes, la utilización de medios para la persuasión, modelación de conductas y comportamientos. Esta función se ha asociado a imágenes negativas. Sin embargo, ¿no es algo positivo despertar la conciencia adormecida de una sociedad sumisa a factores que la perjudican? ¿Influir en condiciones que posibiliten la instauración de políticas públicas a beneficio de una Nación y sus partes? ¿Persuadir las maneras de las personas y dirigirlas a aquello estrechamente vinculado a valores tales como la honestidad, legalidad, responsabilidad, sustentabilidad medioambiental, económica, etc.?

El profundo impacto de esta labor y quiénes la encaminan al desarrollo de un mejor país ha quedado en una segunda plana. Poco se defiende la relación de esta tarea erigida en valores, modos de elección y comportamientos que colaboran para la persecución del bien común. Esto quizá encuentre su razón de ser como consecuencia de un morbo amarillista que tiende a escandalizar, resaltar lo nocivo de las cosas, dejando por sentado – “así luego debería ser” –aquellos trámites que fueran provechosos. La sensibilización social es una característica intrínseca en la gestión de esta carrera. Consciente o inconscientemente, directa o indirectamente. Añadiendo humor a la cuestión, como diría el tío Ben concebido por Stan Lee, “un gran poder conlleva una gran responsabilidad”.

Finalmente, los anunciantes, tienen en su cancha las facultades necesarias para tomar cartas en asuntos que conciernan y afecten de preferencia, positivamente– a diversos espacios; abordar temas que actúen como medio para la resolución de fructuosos regímenes, que toquen distintas dimensiones y, a su vez, instar al gobierno a la generación de nuevas, favorables e integrales disposiciones para la construcción y desarrollo de un Paraguay mejor.

 

Año 3 – Num. 12

 

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